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Hay Esperanza

El libro Hay Esperanza: Liliana García revela de dónde nace y cómo Dios redime tu historia

Liliana García revela el origen del libro Hay Esperanza: un valle de huesos secos, un matrimonio en ruinas y el Dios que redime tu historia. Hay esperanza.

Canaan Plus7 min de lectura

Cuando una vida se siente como un valle de huesos secos, la pregunta más honesta suele ser esta: ¿todavía hay salida? En un mensaje publicado por Canaan Plus, Liliana García responde sin rodeos. El libro Hay Esperanza, escrito junto al pastor Jaime García, no nació de una teoría ministerial. Nació de un milagro. Nació de ruinas. Nació de un matrimonio, una familia y un ministerio que se vinieron abajo… y de un Dios que no se asustó.

El video El libro de Hay Esperanza es una invitación directa a rendirse, creer y dejar que Dios tome los pedazos. No es un resumen comercial. Es el origen espiritual de un testimonio que, según Liliana, Dios nunca quiso dejar encerrado entre cuatro paredes.

De dónde nace el libro Hay Esperanza

Liliana lo dice con claridad: Hay Esperanza es el resultado del milagro que Dios hizo en su familia, en su vida y en la vida de su esposo. Habla de las ruinas del matrimonio, de la destrucción del ministerio y de todo lo que habían construido. Todo se vino abajo en un momento.

Ahí entra el Dios que ella proclama: el Dios todopoderoso, el Dios de restauración, el Dios de segundas, terceras, cuartas y quintas oportunidades. El Dios de misericordia que vino a su encuentro cuando ya no quedaba reputación que salvar ni futuro que negociar.

Esa es la semilla del libro. No un concepto inspirador. Una historia redimida.

Ezequiel 37: cuando nadie daba un peso por tu futuro

Para explicar cómo se sentía su vida, Liliana apunta a Ezequiel 37, el valle de los huesos secos. Así describe aquel tiempo: no había esperanza, no había vida. Nadie daba ni un peso por Jaime, ni por el matrimonio, ni por el futuro.

La gente veía huesos. Dios veía un ejército.

Esa diferencia es el corazón del mensaje. Nosotros miramos soledad, tristeza, destrucción, muerte, desolación y miedo. Dios mira potencial. Dios mira lo que Él puede hacer. Por eso Liliana se atreve a decir algo que suena contradictorio: si tu vida está así hoy, ese no es el final. Es el escenario perfecto para rendirse, entregarse y permitirle a Dios que entre.

En Ezequiel 37, el Espíritu sopla desde los cuatro vientos, entra vida en los huesos y se levanta un ejército grande y poderoso. Liliana afirma que eso fue exactamente lo que Dios hizo en la vida de su esposo, en su matrimonio y en su familia. Les dio una vida nueva, un matrimonio nuevo, una familia nueva y un nuevo llamado.

De eso se trata Hay Esperanza.

Cuando pasas la tormenta abrazado al Señor, siempre hay esperanza

Hay tormentas que no se sienten como una prueba. Se sienten como el final. Liliana nombra esa sensación: la idea de que no vas a sobrevivir, de que la situación te va a destruir, de que te va a acabar.

Su respuesta no es un eslogan. Es una condición: cuando pasamos por esas situaciones abrazados al Señor, siempre hay esperanza. Siempre.

La rendición no es pasividad. Es abrir la puerta. Al estar rendidos, le damos a Dios la oportunidad de entrar, tomar los huesos secos, tomar las cenizas, tomar los pedazos y construir algo nuevo. Todo quedó destruido. Él no vino a maquillar escombros. Vino a construir.

Dios nunca quiso que el milagro se quedara en casa

Lo más hermoso, dice Liliana, es que lo que Dios hizo en su familia no se quedó con ellos. Desde las primeras promesas, Dios la guiaba acerca de perdonar, esperar y creer. Y, al mismo tiempo, le hablaba de otras personas.

Lo que Él quería hacer en ellos iba a alcanzar a muchos. Otros escucharían el testimonio del matrimonio restaurado. Otros recibirían esperanza. Otros creerían.

Esa es la puerta que ella llama fe: cuando no ves nada, pero escoges creer. Cuando hay esperanza. Cuando hay rendición. Esa decisión le abre las puertas al Señor para derramar su gloria.

Por años, Jaime y Liliana vieron esa gloria más allá de su casa. No solo en el matrimonio. No solo en la familia. En la vida de miles de personas. Porque la gracia de Dios y su amor no son para unos cuantos. Son para todos. Los milagros, lo sobrenatural y lo imposible no están reservados para una élite espiritual. Son para los que creen.

Lo imposible le toca a Dios; a ti te toca creer y obedecer

Liliana invita a creer que hay esperanza. Invita a rendirse. Invita a poner toda la esperanza en Cristo. Invita a abrir el corazón para conocer al Padre como nunca antes. Invita a arrojarse a sus brazos y permitirle tomar las ruinas.

¿Suena distante, difícil, imposible? Ella responde que sí. Y que está bien. Porque esa es exactamente la parte que le toca a Dios.

Lo imposible le toca a Él.

Tu parte es creer.

Tu parte es obedecer sin entender.

Dios no tiene que dar explicaciones. Nuestra parte es obedecer. Él está a cargo de los resultados de los pasos de obediencia que nos pide dar. ¿Cuáles serán esos pasos? Muchos. Por eso el llamado no es a resolverlo todo esta noche. Es a ir un día a la vez.

La restauración no es un proceso microondas

Uno de los aportes más pastorales del mensaje es este: la restauración toma tiempo. No es un proceso microondas. Dios sana herida por herida. Hay heridas profundas, con muchas capas. Él va sanando capa por capa.

Esa afirmación protege a quien espera un milagro instantáneo y se desanima al tercer día. También confronta a quien quiere resultados sin rendición. Dios hace todas las cosas nuevas, pero lo hace como sanador y redentor, no como atajo emocional.

Él es especialista en redimir historia. Una historia de pecado. Una historia donde se cayó muy bajo. Dios tomó la historia de Jaime y Liliana. Puede tomar la tuya.

No importa qué tan sucio estés. No importa qué tan bajo hayas caído. Él es el Dios que redime nuestra historia. Por eso Cristo murió en una cruz. Su sangre fue derramada para perdonar, limpiar, transformar, hacer nuevos, salvar y adoptar.

Tu pecado no asusta a Dios. Tu historia no lo toma por sorpresa. Él no cree que seas un caso imposible. Nosotros somos los que pensamos así. Él simplemente está esperando.

El hijo pródigo: libertad para irse, misericordia para volver

Liliana conecta su testimonio con la parábola del hijo pródigo. El padre no encadena al hijo. Le da la herencia. Le da libertad. Dios también da esa libertad: la libertad de tomar malas decisiones.

Pero hay una línea que ella no suelta: su presencia nunca los abandonó. Sus planes nunca cambiaron. Sus promesas nunca cambiaron.

Dios deja que lleguemos al final del camino, al final de nosotros mismos, al final de las fuerzas, de los recursos, de las estrategias, de lo que creemos que es lo mejor. Al final de la independencia. Hasta el lugar de “comer con los cerdos”. Y allí se manifiesta la misericordia.

El hijo pródigo vuelve en sí, recuerda la casa del padre y escoge volver, aunque sea como siervo. Fue recibido como hijo. Eso, dice Liliana, es lo que tú y yo somos: hijos.

Tal vez Dios te ha dejado llegar a lugares muy lejanos y oscuros. Pero te está esperando de vuelta. Hay esperanza. Dios Padre te espera con los brazos abiertos. Él tiene todo lo que necesitas para transformar tu vida.

Tu parte es creer y obedecer.

No temas. Entrégate. Él hará.

Qué significa este mensaje si hoy no ves nada

Si tu matrimonio está en ruinas, si tu familia se siente destruida, si tu ministerio o tu reputación se vinieron abajo, el mensaje de Liliana García no te pide fingir fortaleza. Te pide rendición.

Cree cuando no hay evidencia.

Obedece cuando no hay explicación.

Permite que Dios entre a los pedazos.

Eso es Hay Esperanza: no un título bonito, sino la declaración de que el valle de huesos secos no es la última palabra de Dios sobre tu vida.