El matrimonio es una imagen viviente del Evangelio. Cuando esa imagen se rompe, hay dolor. Pero cuando hay arrepentimiento, Dios restaura. Esta serie no es para condenar, es para sanar. No es para señalar, es para reconciliar. No es para juzgar el pasado, es para redimir el futuro. Porque donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.